Me meto un tiro,
¡Pum!
El eco suena,
¡Pum!
O quizás es el corazón,
¡Pum!
Que todavía sueña.

Sobre los concursos literarios

Sobre los concursos literarios

Sí. En esta entrada puedo pecar de hipócrita. No lo voy a negar. Pero como todos lo somos alguna vez en la vida -si no frecuentemente-, esta vez me toca serlo. Al menos lo reconozco. Además, siendo hipócrita de esta manera solo hago daño a una persona, y esa soy yo. Quizás a mi orgullo, y carezco de eso. Dicho lo dicho, adelante.

Tengo una relación de amor odio con los concursos literarios. Apenas he participado en ellos hasta que no me he visto en el dilema de toda persona que desea darse a conocer en el mundo literario; o tiro un dado al aire y pierdo el tiempo hasta que un editor aburrido decida leer algunas de las páginas de ese manuscrito que tiene ahí tirado en la mesa o compito con los demás por un premio. No mencionemos la autoedición, ya que tiradas con un número decente de ejemplares están fuera del bolsillo del escritor medio.

Creo que la gente no reflexiona demasiado sobre lo injusto que puede llegar a ser un concurso literario. Todos hablan del tanto por ciento de obras que acaban publicándose, de la poca viveza mental y de futuro que tienen muchos editores -sobra decir lo de J.K. Rowling y otros tantos-, pero casi nunca nadie habla de la subjetividad exacerbada de gran parte de los certámenes que se realizan dentro del mundo literario. Para que todo quede más ordenado, iré mencionando los pros y contras -a mi parecer- de participar en un concurso literario. Empecemos por los puntos positivos:

  1. Te aseguras de que un jurado experto -cuanto menos preparado- va a leer y analizar tu obra. No ocurre como en las editoriales, donde muchas de las obras son juzgadas por sus primeras diez páginas. Aquí el jurado considera aspectos técnicos que en una editorial jamás se replantearían. En un certamen literario importa ante todo la calidad y la originalidad del producto, no tanto los beneficios que este vaya a otorgar. Aquí se juzga la literatura de verdad, no el ámbito social de la misma.
  2. Tu obra adquiere fama, y sobre todo, valía. Al recibir un premio, sobre todo si este pertenece a un certamen con prestigio, inmediatamente tu obra se relaciona con todo aquello de valor. Esto sirve y mucho para hacerse un hueco en un mundillo donde empezar es casi tan difícil como mantenerse.
  3. Puedes comprobar tu nivel de verdad. El resultado de tu obra no será sagrado ni inapelable, porque todo depende de la subjetividad analítica de una persona, pero si es un certamen literario serio puedes fiarte de que al menos vas a poder conocer el nivel de tu obra comparada con otras decenas. Es un golpe de realidad bastante bueno. Si fracasas no te queda otra que intentarlo de nuevo.
  4. Económicamente es más seguro. El mundo de la literatura es bastante voluble; un día puedes ser la sensación poética del país que al día siguiente no eres más que un recuerdo. No obstante, las recompensas económicas de los concursos literarios siempre serán más fiables que las de una posible edición con una editorial. Participar en un concurso literario apenas puede suponerte 20€, mientras que, aunque la editorial corra con los gasto de todo, el contrato y los gastos superfluos pueden ascender demasiado -para luego a veces no ganar ni un solo euro-.

No obstante, poseen demasiados puntos negativos:

  1. Demasiada competitividad: luchas literariamente con otros para ganar el gran premio. En una editorial la presión por vencer a los demás es menor. Tu obra la has escrito como tú has querido, normalmente las editoriales no exigen nada demasiado extraño; algo que venda. Por el otro lado, en los concursos literarios la libertad suele ser menor, y las pautas suelen ser bastante más estrictas. Esto hace que la participación a veces se centre más en vencer a los demás buscando cierta dirección en tu creación que en crear arte por el gusto de crearlo.
  2. Siempre he considerado, y quizás es un poco extremo, que en los concursos literarios se prostituye a la literatura. Y esto va también dirigido a la editoriales. Se utiliza como moneda de cambio, donde a veces lo más bonito según las circunstancias es lo que gana -y tal vez no es lo más meritorio-. La literatura es una de esas cosas con las que jamás se debería hacer negocio, vale demasiado. Obviamente esto es demasiado soñar y es un negocio más dentro del mundo cultural.
  3. Participar es ya un gran paso. De hecho se podría decir que toda obra, por el hecho del atrevimiento que exige atreverse a escribir, debería ser tenida en cuenta. Puede que formalmente no sea lo más extraordinario del mundo, pero puede que sus sentimientos sean más verdaderos que los de alguna de las grandes obras maestras de la literatura.
  4. Estoy totalmente en contra de que algunas entidades privadas realicen estos certámenes. Bancos, universidades privadas de cierto tinte ideológico, la Iglesia… creo que no se merecen nada de reconocimiento. En la mayoría de los casos utilizan los concursos para adquirir notoriedad, y detrás de este generoso ofrecimiento de crear un concurso casi siempre se esconde una ambición egoísta de la entidad misma. Un banco en lo general promociona la literatura para crear una imagen de benefactor, normalmente falsa, en su nombre.
  5. La subjetividad. Afecta tanto a las editoriales como a los concursos, pero en estos últimos creo que con más fuerza. Si alguien decide enviar su obra a una editorial sabe a lo que se enfrenta: un señor o una señora que van a estudiar si publicar ese libro será rentable para su compañía, fin. Sabes que tu calidad literaria o tu vertiente personal no va a ser un punto clave en que decidan publicarte. Sin embargo, en un certamen literario, es trascendental el jurado detrás del concurso. Si es tradicional, olvídate de ni tan siquiera competir si tu obra es rompedora. Por el contrario, si eres tradicional en tu tipo de escritura y el jurado es demasiado rupturista, no conseguirás nada. Y en ambas vicisitudes quizás tu obra sea la meritoria de ganar.
  6. Los derechos de autor. Jamás perderás los derechos sobre tu obra, pero en algunos concursos apenas podrás objetar lo que hagan con la obra ganadora. Ellos se quedan con los derechos de la primera edición, y aunque supongo que habrá individuos que adapten esa edición a tus deseos, no tienen por qué escucharte. Esto puede desembocar en actitudes que quizás no satisfagan al ganador, o incluso que se tergiverse la intención de la obra hasta extremos inimaginables. Ellos editan y lo harán según sus propósitos, no los tuyos.

Sea como sea, si te inicias en el mundo de la escritura, simplemente, hablando claro, estás jodido. Puedes participar en la lotería que son los concursos literarios y las editoriales, pero si esperas toda tu vida a que te publiquen, quizás cuando lo hagan será demasiado tarde y hayas perdido toda la ilusión o la magia. Lo más sensato o por lo menos palpable para un principiante es conseguir hacerse un nombre o incluso una autoedición con una tirada bastante humilde, asequible para tu bolsillo. Participar en concursos literarios de poco renombre para poco a poco ir haciéndote un nombre, conseguir que parte de tu obra sea publicada en periódicos o revistas, o incluso repartir de forma gratuita fotocopias con adelantos de tu obra. Ante todo hay que intentar ser original. En este mundillo todo se ha visto ya mil veces, por lo que hay que destacar de la forma que sea en el apartado que sea. Pero ante todo, jamás perder la ilusión y que la literatura no se convierta en un trabajo, que siempre permanezca como una pasión. Yo de forma hipócrita estoy participando en dos concursos de forma simultánea; he aprendido la lección. Sé que no puedo lograr nada yendo a contracorriente toda mi vida, y he tenido que tragarme mi orgullo y ser uno más. Pero es lo que toca. Si no tienes el bolsillo lleno, hay que adaptarse a las circunstancias. He decidido pecar de hipócrita pues antes que mi «»»reputación»»» -por decir algo- está mi anhelo por ver mi poesía publicada.

Eso, o haceros a la mar y cogeros una buena melopea y olvidaros de lo demás, que, viendo cómo está el mundo, quizás sea lo más sensato.

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