Me meto un tiro,
¡Pum!
El eco suena,
¡Pum!
O quizás es el corazón,
¡Pum!
Que todavía sueña.

Reflexiones desde Málaga II

Reflexiones desde Málaga II

Hay casas que mantienen su esencia tanto como sus personas. Ciertos rincones donde ves a seres, no tan queridos pero sí presentes, aparecerse cuando hace ya demasiado tiempo que partieron a no sé dónde. Todo viene a mi mente con una mezcla de felicidad, por lo que he vivido, y de añoranza, por miedo a creer que aquello jamás se repetirá con tal algarabía.

Prefiero la ignorancia de quién era aquel señor de rojo. Prefiero esas rejas, incómodas e inservibles, pero con las que jugaban mis dedos infantiles y dudosos. Prefiero esas noches de ocas interminables a respirar la tensión del momento. Prefiero perderme en mis pensamientos, mientras que mi familia, ajena a lo que pienso, espera ansiosa en la terraza de un bar. Añoro la ilusión de un simple helado. Añoro el miedo de que el payaso con escoba aparezca por detrás de mi espalda. Añoro dormir con mis padres y sentirme seguro. Añoro los gritos de los camareros y preguntarme si de verdad era necesario eso. Si hasta extraño un simple campero, campero que ayer me supo distinto.

Añoro tantas cosas que sé que no van a volver… Pero bueno, supongo que así tiene que ser. Si volvieran dejarían de ser especiales.

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