Me meto un tiro,
¡Pum!
El eco suena,
¡Pum!
O quizás es el corazón,
¡Pum!
Que todavía sueña.

Reflexiones desde Málaga

Reflexiones desde Málaga

Cuando me encuentro en Málaga siempre pienso en las abuelas, nuestras abuelas. Málaga tiene cara arrugada, como su mar, y siempre te recoge de forma apacible. No te desdeña.

Siempre se las arreglan para, en todas las épocas, ser esa parte de la familia que lo ha perdido todo. Un lugar, un ser querido… o la propia vida a medida del paso del tiempo. Esa presteza por ofrecerte lo que tú aún desconoces que necesitas, ese apremio por servir sin necesidad de tener que hacerlo, ese amor que dan aunque no sea merecido. ¿Acaso son los seres perfectos?

Una vida mirando a través de ojos que no son suyos, desatendiendo las penurias propias por llenar de ofrendas las ajenas. Siempre serán esas olvidadas, hijas esclavas de una sociedad que no las merecía, hijas perdidas de una sociedad enferma.

Llevando a cuestas la escusa malsana del mundo que les rodea. Meciendo con cariño un voto de silencio impuesto, que de romperse, enmudecería por siempre lo que nos queda. Cargando una responsabilidad que les queda grande, pero que ellas se afanan por convertir en inmunda.

Ay Málaga, no me dejes nunca, que eso significaría la ausencia de algo que debería ser imperecedero.

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