Me meto un tiro,
¡Pum!
El eco suena,
¡Pum!
O quizás es el corazón,
¡Pum!
Que todavía sueña.

Reflexiones desde Málaga III

Reflexiones desde Málaga III

Era cabezón, de testa hermosa por decirlo bonito, con orejas pequeñas y puntiagudas –que aún conservo-, y de enorme frente –a la que se han incluido bultos sobre las cejas-. Han pasado muchas cosas… Rotura de un hueso, fisuras en mil sitios, golpes hospitalarios en la cabeza, doquier por malformaciones, problemas vertebrales en el testículo, cicatrices demasiado pequeñas, dolores de viejo en las piernas, pies en forma de meandro, estómago de rumiante; las enfermeras se asombran de los veintiún años bien pasados. Pero en esencia sigo siendo el mismo: pies pequeños, mirada fija pero enjuta, labios carnosos y piel clara. Los cambios apenas son unos kilos de más, unos centímetros capilares de sobra y problemas pretendidos por capricho.

En otro orden de cosas, el gotelé que recuerdo no es el que hay ahora, mejor en todos los sentidos. Pero es como esas realidades, que aunque mejoradas, se recuerdan con más fervor en el pasado. Aquel gotelé era puntiagudo, mal echado, casi prehistórico, pero era el que mis pequeñas manos rozaban con cariño, doliéndome, recordándolo. Era un mar blanco, como la mar picada, que aunque fea, enternece y admira. El de ahora, bueno, es más bonito, más cómodo y más útil, pero no es lo que quiero.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.