Me meto un tiro,
¡Pum!
El eco suena,
¡Pum!
O quizás es el corazón,
¡Pum!
Que todavía sueña.

Vamos a morir todos

Vamos a morir todos

Tú, el que estás leyendo, yo, el que escribo. Nuestros padres, nuestras madres, la familia querida y la que nos es impuesta. Morirá tu perro, el gato e incluso mi pez, que muere pero no muere porque se muere. Morirán tus amigos, el que se lo merece y el que disimula tanto que parece que no se lo merece, pero se lo merece. Morirán tus profesores, el conductor del autobús, tus compañeros de trabajo y tu jefe. Morirán tus hijos, si los tienes. Se quedará una Tierra baldía al principio, sana y fuerte después. Llegarán otros ‘yos’ y otros tús’, y también morirán cuando les toque. En definitiva, que vamos a morir todos, pero todos todos. No vamos a quedar ninguno de los aquí presentes, acaso nuestro hipotético y frágil recuerdo, que valdrá poco.

Que hay que morirse que si no la vida se queda a medias. Pero, ninguno vamos a morir por un virus con nombre de realeza. Moriremos sin darnos cuenta, de forma anónima. Como una astuta serpiente la muerte se deslizará sobre nosotros, sin avisar. No habrá tambores ni sirenas, tan solo algún lloro con aires de arrepentimiento. Nos iremos con la vida entre las manos, acaso la suya entre mis fríos dedos.

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