Me meto un tiro,
¡Pum!
El eco suena,
¡Pum!
O quizás es el corazón,
¡Pum!
Que todavía sueña.

La sombra

La sombra

Realmente hasta el final no supe qué me pasaba.

Había estado todo el día, desde la mañana a la noche, trabajando sin descanso. Cuando levantaba la vista del teclado veía cómo una sombra se meneaba desde la derecha de mi vista hasta la izquierda; apenas duraba un instante. Al principio lo achaqué a la larga jornada laboral y al estrés, la cual apenas me había abandonado en todos estos meses.

Incluso vi esa maldita sombra cuando volví andando a casa. Pasaba a mi alrededor una y otra vez, de nuevo de derecha a izquierda. Lo hacía con total libertad, pasando a través de las personas, sin que nadie más viera absolutamente nada. A veces me parecía entrever una silueta humana con extremidades, y fue ahí cuando de veras comencé a preocuparme y pensar que aquello era algo que iba mucho más allá del mero estrés. No obstante, no dije nada a nadie… Es fácil de comprender, simplemente nadie cree en esas cosas.

Cuando por fin llegué a casa todo pareció relajarse. Pude disfrutar de una cena tranquila y una noche divertida en frente del ordenador. Después de lavarme los dientes y meterme a la cama para leer un poco, el problema surgió cuando al apagar la luz y cerrar los ojos… Seguía viendo aquella sombra, pero ahora esta no se movía. No sé explicarlo bien realmente. Aunque la única luz que entraba a mi habitación era la de una farola a través de la ventana, sentía, más que veía, cómo aquella sombra se interponía entre la luz y mis ojos. Algo semejante a cuando te pones la mano delante de los ojos cuando estás en frente de una luz; no lo puedes ver pero notas cómo la luz es inferior. Pues aquello mismo me pasaba a mí.

Estaba totalmente aterrorizado. No me quise mover un ápice –tampoco hubiera podido ya que el miedo me tenía paralizado-. Durante toda la noche aquella sombra y yo estuvimos mirándonos de alguna manera, pero ninguno quiso ser el primero en moverse. Pareciera que un vivo estuviera velando el cadáver de un muerto. Toda la noche vi cómo aquella sombra permanecía totalmente parada en frente de mi cama. Pasadas muchas horas, todas las que tiene una noche, tan solo me atreví a abrir los ojos cuando vi que amanecía y que de repente la sombra desapareció.

Después de la mala noche pasada me alegré al comprobar que la sombra ya tan solo era un recuerdo. Mis primeros movimientos fueron muy tímidos, como esperando que algo malo me fuera a suceder. Cuando por fin me serené quise pensar, aunque no muy convencido, y con razón, que aquello sería algo relacionado con los nervios, el mal dormir y el estrés.

De camino al trabajo lo entendí todo. Debido a mi sueño llegaba tarde al trabajo. Estaba esperando en un semáforo en rojo y como tenía prisa miré hacia los dos lados, y al ver que nadie pasaba, decidí cruzar. Hubiera sido demasiado tarde si el rugoso brazo de una anciana no me hubiese frenado. A apenas unos centímetros, de derecha a izquierda, un coche rojo a gran velocidad pasó donde yo tendría que haber estado.

Cuando miré a la izquierda para ver la cara de aquella persona, allí no había nadie.

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