Me meto un tiro,
¡Pum!
El eco suena,
¡Pum!
O quizás es el corazón,
¡Pum!
Que todavía sueña.

La Santa Compaña

La Santa Compaña

Mira papá lo que he encontrado hoy en el periódico. ¿En serio hay gente que se cree todo esto? – el niño le entregó a su padre un recorte de periódico algo arrugado en la mano. La noticia no estaba entera:

 Sucesos

De él nunca más se supo hasta que una carta, si es que así se le puede llamar, apareció muchos años después en el mismo lugar en el que desapareció. Su mensaje era corto y conciso, con una letra firme y muy marcada, lejos de cualquier indicativo de malestar mental o peligro inminente. Se podía leer lo siguiente:

He cogido la cruz y ahora, pues, en paz, vago con ellos.

La leyenda, pues ya se ha formado una, dice que Juan Antonio Velázquez desapareció fruto de su curiosidad. Los hechos, es decir, las fuentes policiales, nos cuentan que sus allegados afirman que durante toda la noche estuvo diciendo a todos que escuchaba unas voces a lo lejos, voces tenues pero que llegaban a lo más hondo de su ser. Medio bromeando medio en serio dijo que sin duda se trataba de la Santa Compaña y que, si nadie se atrevía a acompañarle, iría él solo. Al estar todos sus conocidos en un ambiente de fiesta nadie percibió lo peligroso que era salir al bosque solo a esas alturas de la noche, pero lo hizo. Fue en ese preciso instante cuando se tiene la última localización exacta del joven. Los investigadores dijeron que se trataba de una desaparición fortuita tras buscar por varios meses el cadáver de Juan Antonio, pero después del descubrimiento de aquella carta una segunda vía de investigación se abre en el horizonte, el suicidio, algo que podría contemplarse como totalmente real.

Objetivo es el hecho de que un convecino nuestro desapareció hace unos años en mitad del bosque. Ahora, ¿qué quiere creer usted?

-Son tonterías hijo, gente que se aburre y lee estas cosas porque no tienen nada mejor que hacer. La Santa Compaña no existe, es como el coco y todos esos monstruos que yo te decía que existían para que fueras a la cama rápido.

Después de cenar el padre arropó a su hijo en la cama y, tras un sonoro beso en la frente, se acercó a su oído para darle las buenas noches:

-Me dolió mucho pasarle la cruz pero no quería perderte, hijo.

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