Me meto un tiro,
¡Pum!
El eco suena,
¡Pum!
O quizás es el corazón,
¡Pum!
Que todavía sueña.

Ya no hay balde lleno de agua

Ya no hay balde lleno de agua

Ya no hay balde lleno de agua porque llevo dos semanas consecutivas olvidándomelo en el maletero del coche. Que podría sonar a metáfora rebuscada propia de la poesía actual, queriendo decir que me veo sumido en un pozo de tristeza inabarcable, pero no, realmente ese balde está rodeado de basura inservible, basura mundana, no intelectual. Mi padre lo utilizó para limpiar el coche -no el automóvil donde viajan mis sueños, no, es el coche de verdad, de cuatro ruedas y con origen japonés-. Fíjate en lo que es la poesía, que ahora mismo está rodeada de limpiaparabrisas, parasoles y alguna que otra bolsa de supermercado. Pues mira que a veces pienso que para mí vale más ese balde lleno de agua que la universidad…

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