Me meto un tiro,
¡Pum!
El eco suena,
¡Pum!
O quizás es el corazón,
¡Pum!
Que todavía sueña.

Vahos del ayer

Vahos del ayer

Sabes que una pérdida es grande cuando prolongado es el silencio. Y eso es lo que siento, silencio en mi mente y en el corazón. Siempre duele cuando alguien se va, pero más lo hace cuando lucha, e igualmente, desaparece. Nos deja claro muchas cosas. Es curioso, porque junto a esa certeza de que se ha ido, afloran los recuerdos ya perdidos, y quizás lo mantienen un poquito más vivo.

Lo peor de todo esto es no saber, cuando ocurre, que esa ocasión es la última que verás a una persona. Y ese día estará predestinado a suceder sin que tú ni nadie podáis hacer nada para evitarlo; es la vida reclamando su espacio en nuestro tiempo. No saber cuál fue la última palabra que le dirigiste. Aunque me relaja pensar que, para combatir a la vida, bien sirven los recuerdos, que se quedan con nosotros hasta reunirnos con ellos. Seremos caducos, pero intensos.

Como dijeron los Flema…

El recuerdo siempre está
Aunque no lo quieras
Aunque no lo creas
En mi mente siempre está
Aunque no lo quieras
Aunque no lo creas

Porque si la inevitable vida decide hacer acto de presencia, honremos tu memoria siendo fieles a cómo eras, y démosle a la vida la lección que todos aprendimos de ti, luchar.

Descansa en paz Víctor, los vahos del ayer no se olvidan.

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