Me meto un tiro,
¡Pum!
El eco suena,
¡Pum!
O quizás es el corazón,
¡Pum!
Que todavía sueña.

Cojín verde

Cojín verde

Uno de mis primeros recuerdos es un enfado. Absurdo, infantil, tonto, egoísta. Una niña me había quitado mi cojín verde, que era casi mi amigo. Yo creo que hasta le hablaba. No importó que esa niña fuese la que me gustase, era mucho peor que hubiera cogido mi cojín verde sin mi permiso. Era mío. No me hizo falta comparar mi enamoramiento infantil con mi egoísmo; la elección ya estaba hecha. No importó que ella se hubiera olvidado su cojín para la siesta y cogiera el mío para dormir. Era mío. Al despertarme lo único que me importaba es que mi cojín verde estaba sirviendo de apoyo a otra persona que no era yo, y eso mi mente pueril no lo aceptaba. Era mío. Me acerqué, y estando ella aún dormida, lo cogí con todas mis fuerzas. El cojín era mío mío mío. Qué curioso que uno de mis primeros recuerdos sea un acto de egoísmo. Y luego algunos dicen que no somos egoístas por naturaleza… Quizás no había maldad en mi acto, pero sin duda sí un egoísmo profundo. De acuerdo que inocente, pues no sabía discernir que eso era algo malo, pero egoísmo a fin de cuentas.

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