Me meto un tiro,
¡Pum!
El eco suena,
¡Pum!
O quizás es el corazón,
¡Pum!
Que todavía sueña.

Etiqueta: Reflexiones

Ya no hay balde lleno de agua

Ya no hay balde lleno de agua

Ya no hay balde lleno de agua porque llevo dos semanas consecutivas olvidándomelo en el maletero del coche. Que podría sonar a metáfora rebuscada propia de la poesía actual, queriendo decir que me veo sumido en un pozo de tristeza inabarcable, pero no, realmente ese balde está rodeado de basura inservible, basura mundana, no intelectual. Mi padre lo utilizó para limpiar el coche -no el automóvil donde viajan mis sueños, no, es el coche de verdad, de cuatro ruedas y con origen japonés-. Fíjate en lo que es la poesía, que ahora mismo está rodeada de limpiaparabrisas, parasoles y alguna que otra bolsa de supermercado. Pues mira que a veces pienso que para mí vale más ese balde lleno de agua que la universidad…

Reflexiones desde un balde lleno de agua II

Reflexiones desde un balde lleno de agua II

Estuve en Alcanadre. Se me fue la ansiedad. El pie me dolió, pero de felicidad, ese tipo de dolor que sabes que proviene de un buen momento, y que realmente no te importa sentir. Con 22 años me comporté como un crío retrasado de 3, pero no me importó porque realmente me lo pasé bien -y porque estaba rodeado de otros críos retrasados de 3 años-. Y ahora tengo ansiedad de nuevo, así que no sé si la cura ha sido Alcanadre o esos críos retrasados de 3 años. Sea lo que sea, ambas respuestas son tristes, pero acertadas a mí manera, que es la que me importa. La dolencia sé que es el domingo, el maldito domingo es el día triste por excelencia. Me he leído dos libros en media semana, medio obligado, y lo peor de todo es que no lo he podido disfrutar más. Estoy enfermo.

Reflexiones desde un balde lleno de agua

Reflexiones desde un balde lleno de agua

Lo que son las madres. Tozudas, cabezonas, insistentes, cansinas, pesadas, tenaces… Fijaos en que la mía pretende hacer desaparecer un tumor de mi tobillo introduciendo mi pie, noche tras noche, en agua con bicarbonato. Tozudez que convence hasta a los tobillos. Con tal circunstancia qué le puedo negar. Se trata de una pizca de remedio de bruja y de un océano de cariño que pone en evidencia la fuerza de toda la creación. Ojalá no haya precio para esta deuda, sé que no puedo pagarla. Le debo la vida, quién sabe si mis futuros pasos.

Reflexiones desde Logroño III – videojuegos

Reflexiones desde Logroño III – videojuegos

Un videojuego. El arte más completo. Desde lo que escuchas, hasta lo que ves. Desde lo que sientes, hasta lo que recibes. Se crea belleza en cuanto a lo que oyes -banda sonora, efectos de sonido, instrumentación…-. Se crea belleza visual -gráficos, paisajes, estampas, imágenes-. Se crea belleza narrativa -qué decir de los guiones, si fuesen novelas algunos estarían entre los clásicos-. Y lo que es más importante -y pocos lo han logrado-, te introducen de lleno en lo que sucede; tu eres el dios, el que crea o decide lo que ocurre. Un buen videojuego contiene en su interior una buena novela, una buena película, una buena canción, una buena poesía, un buen disco, un buen cómic, un buen cuadro, una buena arquitectura, una buena obra de teatro… Puede ostentar casi la totalidad de lo que existe. Y muchos lo desprecian por ser algo «de ahora»; no se han dado cuenta de que es el lugar donde los artistas se pueden juntar y crear lo perfecto.

La única pega, algunos son tan increíbles que dejan poco a la imaginación. Tal es el disfrute, que uno desearía dejar de crear para siempre.

A 42 minutos de un examen, aunque son 49

A 42 minutos de un examen, aunque son 49

Aquí estoy, a 48 minutos de un examen, preocupado por lo que me pueda hacer. Ya ves, estoy preocupado sin haber pasado una página del temario con mis propias manos –literalmente; como si el resultado pudiera ser otro del que todos estamos imaginando-. O no, vete a saber, que lo mismo este examen es el centro de resonancia de un gran cambio, o igual no y simplemente lo suspendo. Pero me ha parecido más provechoso guardar estos minutos de incertidumbre futura para escribir un párrafo que en su breve extensión será más útil que cualquier examen que yo pudiera hacer; la libertad está en este texto. Frente a lo tenaz del estudio, la fuerza del pasado, el arraigo de la tradición, aquí estoy yo, redactando un texto inservible sin ningún propósito fijo venidero, pero lo estoy haciendo, libre y porque quiero.

Y ahora sí quedan 42, perdón 41, y aunque estoy un poco más preocupado por lo que pueda pasar, me voy a tomar el desayuno que tengo hinvernando –sí, se ha quedado como el hielo-, desayuno que junto a este texto han sido más provechosos para el género humano que 398 exámenes en 21 años.

Reflexiones desde Logroño I

Reflexiones desde Logroño I

Naces. Creces según la brújula aleatoria que siempre señala hacia el dinero. Vas a la escuela. Haces amigos -o mueres perdido en un país sin historia-. Aprendes a hablar, escribir, leer, sumar, restar, multiplicar, dividir, cantar, dibujar… el soñar ya es optativo. Instituto, riñas con tus padres, amor idílico de tres semanas, pelos por todas partes, lívido de conejo disparada, arrogante, estúpido, subnormal. Luego te serenizas un poco para darte cuenta de lo tonto que has sido, y ves que es demasiado tarde. Sexo, mucho sexo. O poco, poco sexo, según lo feo que puedas llegar a ser. Conocimientos inservibles en tu mente. Trabajo o estudio, al final siempre atado a algo que dicen que es tu futuro; tu futuro nunca eres tú. Pasa la vida. Dios existe si encuentras el amor. Encima David Bowie muerto. Tú eres hombre porque lo digo yo, sabré lo que hay en tu mente -ni lo sé yo-. Veinte años en un mismo sitio o veinte años errando sin curso, pero veinte años han sido, y nunca consigues lo que quieres, o consigues todo lo que quieres, que es lo mismo. Cierras los ojos. Hijos, hipotecas, guerras, responsabilidades. Donald Trump. Parpadeas de nuevo. Cama y regazo infinito. David Bowie no estaba muerto, acaso los dioses mueren. Ves las estrellas, esa de ahí ha cambiado, tanto como tú. Las arrugas aparecen tanto en tu cara como en el sofá de tu salón. Miedo, cólera, pérdida de lo que te hacía vivir. Te dejas llevar por la pena o la pena te lleva a ti otros veinte años. Finalmente, algo. Lo único que has sabido hacer bien en tu vida, morirte.