Me meto un tiro,
¡Pum!
El eco suena,
¡Pum!
O quizás es el corazón,
¡Pum!
Que todavía sueña.

Etiqueta: opinión

El papel del hombre en el feminismo

El papel del hombre en el feminismo

Sé que por algún lado voy a recibir, pero bueno, mi opinión merece ser escuchada tanto como la de otros. Asunto turbio donde hay tantas ideas y propuestas como personas pueden hablar. Pero a ello voy. Aquí mi minúsculo granito de arena.

El otro día choqué con una idea con la que no estaba del todo de acuerdo, terminando todo esto en su correspondiente debate simpático. Al parecer el encargado de dar la charla principal en unos talleres informativos de una asociación feminista -URFEM-, con su correspondiente charla, fue un hombre. En la discusión que mantuve se habló sobre si los hombres eran las personas adecuadas para dar charlas en asuntos feministas -y de ahí se habló de la posición de los hombres en el feminismo-. Creo que comprendo ambas partes, así que allá voy.

Desde luego, el hecho de escoger a un hombre para realizar la charla central en una asociación feminista no es lo más adecuado, de hecho creo que podría decirse que es incluso algo erróneo. Aunque no estoy del todo de acuerdo con esta idea, puedo compartirla con algunos matices. Puede que esa persona estuviera lo suficientemente preparada para ello, no lo dudo, pero es bastante simbólico el hecho de que un hombre sea el encargado de dar la charla principal en unos talleres informativos sobre el feminismo. Un simbolismo, que aunque no buscado, puede resultar un tanto extraño para algunas personas. Matices que pueden molestar. Estos talleres son públicos, asisten personas ajenas a los miembros de la asociación, y creo que lo más prudente sería dejar que la persona encargada de llevar el peso de la charla principal fuera una mujer -teniendo en cuenta que eran los primeros talleres que realizaba dicha asociación-. Puede sonar tonto, pero dentro de los símbolos creo que tiene bastante sentido. En su defensa tengo que apuntar que la charla trataba sobre la «Tercera ola de feminismo», tema sociológico del cual creo cualquier persona puede estar capacitada para hablar sin problemas. No es un tema tan cercano al sentir feminista como podrían ser otros que sí afectasen de manera más directa a las mujeres.

Pero de ahí surge otro problema. ¿Qué papel deben tener los hombres en el feminismo? ¿Tienen la legitimación de dar charlas sobre problemas que, en un principio, no les afectan a ellos? ¿Dónde deben situarse y qué deben hacer? -ahí mi humilde opinión…-

-Que algo no te afecte no conlleva que no pueda preocuparte, estar concienciado de ello y querer ayudar siempre que se pueda. Llevándolo a otro terreno; alguien puede dar charlas sobre los estragos de la guerra y no afectarle en absoluto la misma, tan solo quiere ayudar. Sí, tal vez la persona que mejor pueda ejemplificarlo sea la persona que lo haya sufrido, pero no por ello hay que apartar a las personas que con buena actitud quieren aportar su ayuda desinteresada, aparte de injusto sería poco provechoso. Que un problema no te toque de forma directa no debería ser un impedimento para el hecho de querer ayudar con buena fe. Creo que si un hombre está lo suficientemente concienciado sobre los problemas asociados a la lucha feminista no debería existir ningún problema con que realice charlas informativas. Sería deshacerse de individuos muy capaces que podrían apoyar y secundar la lucha. Por individualizar, ¿negaríais a Alberto Garzón el dar charlas sobre feminismo? una de las personas quizás mejor preparadas en este país para hablar de este tema en cuestión con toda la autoridad del mundo.

-No obstante, LAS MUJERES DEBEN LLEVAR TODO EL PESO DE LA LUCHA, Liderarla. Soy de la opinión de que toda la sociedad, como un ente, debe ser la encargada de luchar contra el machismo, pero es innegable que son ellas las que, afectadas por el mismo, deben ir un paso por delante. Nosotros para ayudar -y concienciarnos- de que se trata de un problema muy grave del cual la sociedad debe librarse cuanto antes. Sus derechos son los que están afectados, no los nuestros. Es su lucha. Como he dicho antes, pueden alarmarte y angustiarte los problemas referentes al machismo y a la misoginia, ayudar, pero las mujeres son las afectadas por esta lacra y las que deben dar un paso adelante, imponerse y reclamar los derechos que por tanto tiempo se les ha negado. No deben estar subordinadas a nuestras acciones.

-El problema surge con los ingenios sagaces del machismo que han manchado la imagen del feminismo haciendo creer a los mal informados que se trata de la superioridad del género femenino por encima del masculino, que quieren quitar derechos al hombre. Estos, verdaderos genios del marketing, han hecho mucho daño. Son esos que han hecho creer que cuando se dice patriarcado se ataca a todos los hombres. Son esos los que han convertido en materia banal problemas como el de la depilación femenina, que tienen tanto derecho como otros problemas a preocupar a las feministas. Son estos los causantes de que se haga la comparación de:

       Machismo = feminismo

                                                                                     Igualdad

Pasándose por el forro el verdadero significado del feminismo. ¿A que hace diez años nadie dudaba de lo que significaba? Toda la sociedad tenía muy clara la intención de la lucha feminista. Justo cuando la lucha se propaga y se convierte en un movimiento social potente que amenaza con la posición cómoda del patriarcado -o como maldita sea queráis llamarlo- es cuando el ataque furibundo hacia el feminismo comienza. Pensadlo.

Por favor. INFORMACIÓN, INFORMACIÓN E INFORMACIÓN. Ya sea en el feminismo o en cualquier otro apartado de la vida.

PD: a modo de mensaje adjunto. Absteneos a utilizar la palabra «feminazi». No debería decirlo, pero aún así… Este término despectivo lo creó Rush Limbaugh -miembro del Partido Republicano de los EE.UU- para hacer referencia a las feministas que defendían el derecho al aborto, comparando esto con el mismísimo Holocausto. Si consideráis que alguna feminista está diciendo soberanas tonterías y se le está yendo de las manos el asunto pensadlo antes de soltar esa palabra. Porque cualquier podría serlo.

PD 2: Me da igual la terminología, aliado o feminista, son nimiedades. El caso es ir todos juntos a luchar la misma enfermedad.

Carta abierta

Carta abierta

Esta es una carta abierta a toda aquella persona que desee leerla. En verdad, siendo sincero, tiene unos destinatarios bastante claros, pero por causas ajenas me veo obligado -por prudencia más bien que por anhelo personal- a situar todo desde el anonimato. No obstante, a pesar de estas contrariedades, espero que la intención que reside en la carta llegue de la forma más clara posible a todos aquellos que la lean.

Hablemos de hipocresía y de injusticia. Hablemos de un lugar en la sierra. Hablemos de un pequeño y plácido pueblo rodeado de montañas, vegetación y animales; todo lo que alcanza a la vista, más allá del pueblo, es pura naturaleza. Hablemos de una anciana a la cual solo le preocupan tres cosas: su familia, sus gallinas y sus palomas. No hay en el mundo cosa que le llene más. Ella es feliz en su simple rutina. Esa es su mayor virtud, y para algunos, como entenderéis ahora, parece ser que su mayor defecto.

En un viejo caserón del pueblo esta anciana tiene un palomar, nada más complejo que eso. Esta tradición, la de tener palomares -y todo tipo de refugios para animales- sobra decir que es algo más que común en este tipo de poblaciones; gallinas, ovejas, caballos, vacas… muchos de los habitantes de estos pueblos se valen de la ganadería como forma de vida. Es un pueblo; la vida de sus habitantes casi siempre va a la par que la de los animales que viven en los alrededores. Las palomas gastan el día volando por encima de los techos del pueblo, mientras que por la noche utilizan el palomar como refugio y lugar para alimentarse.

Sí. Dentro de esta escena tan pintoresca hay un gran problema, quién lo diría.

Al parecer las palomas durante el día se posan en los tejados de las casas vecinas al palomar. No hacen nada más natural que posarse en las tejas, defecar -como es normal- e irse. Esto, que para muchos no será más que una escena típica de la naturaleza, ha molestado a varios vecinos del pueblo. Según ellos, las palomas lo «manchan todo con sus cagadas», aparte de mover las tejas del tejado, siendo esto muy peligroso. Son vecinos del pueblo que en parte provienen de la capital. Puedo comprender que estos problemas no son comunes en una ciudad, que molesten a alguien no acostumbrado a ellos, pero lo que no puedo comprender -ni tolerar- es que se hayan atrevido a poner una queja abierta al ayuntamiento del municipio, la cual ha sido leída, revisada, aceptada y tramitada por la alcaldía, conllevando esto la posterior acción del ayuntamiento. Si ellos han tenido la osadía de quitar parte de la razón de su existencia a una casi octogenaria que lleva viviendo toda su vida en ese pueblo, con más derecho que todos ellos juntos de hacer lo que quiera, que me permitan a mí mostrar al mundo lo que en verdad son.

De acuerdo. Vamos a prohibir a las palomas defecar sobre los tejados y posarse sobre los mismos. Eso sí, si nos movemos con esta lógica, lo conveniente y sensato sería también vigilar que otros animales tampoco molesten a los vecinos. Hay que ser democráticos con todos y aceptar todas las quejas que puedan venir.

Impidamos que el saltamontes salte, vaya a ser que alguno se pose en la ropa tendida y esto provoque un susto a alguien.

Impidamos que las golondrinas hagan sus nidos en los tejados, que sus crías crezcan bajo tierra.

Que en la berrea a los ciervos ni se les ocurra hacer ruido. Que oye, mañana trabajo en la fábrica y tengo que descansar bien. Lo mismo al gallo. Que si tiene que cantar al amanecer, lo haga bajito, que no despierte a los niños que mañana tienen clase de inglés. Los grillos chitón, que canten de día, me da igual que no sea su costumbre esa. Eso sí, que la campana de la iglesia doble sin falta cada hora, que su sonido es muy agradable.

Si una vaca deja el plastón en el suelo, que lo limpie, que después huele. Un pueblo oliendo así, no por Dios. Que estamos en el siglo XXI.

Lo estoy llevando a lo absurdo sí, como absurdas son las acusaciones que estos individuos ponen sobre la anciana. Que las tejas se mueven… Dios libre a los vecinos de que un buitre se pose en sus tejados, que toda la casa se viene abajo. Si las tejas se mueven -si es que alguna vez se han movido- quizás la culpa es de ellos mismos; quizás el mantenimiento de sus caserones no es el necesario. Si se quejan de las palomas, que recen porque en invierno junto a la migración de miles de pájaros una bandada grande no se pose encima. Es un pueblo en mitad de la naturaleza, lo que menos te debería preocupar es que un montón de palomas se posen en tu techo. Preocúpate más para prepararlo a una tormenta de sierra o a una granizada repentina. Las palomas no van a destrozar tu bonito chalé, bolas de golf hechas de hielo sí.

Desde luego se quejan de las palomas, pero no de la situación desastrosa de las decenas de perros del pueblo, hambrientos, famélicos, llenos de pulgas y sin un gesto de cariño en toda su existencia; máquinas de matar para la época de caza. Atropellamientos, posibles ataques… Da igual, a mí personalmente me da mucho más miedo una paloma.

Tampoco les veréis quejarse de que en Nochevieja los cazadores del pueblo saquen sus escopetas y lancen salvas cuando llega la medianoche. Dónde va a parar. Es mucho peor un excremento de paloma que varios descerebrados llenando todo de plomo, muy bueno para la tierra por cierto.

Gente del pueblo afectada por las palomas, por favor, un poco de seriedad. Comprendo que queréis casas limpias, relucientes, que queréis enseñar vuestro poder adquisitivo y patrimonio, pero no intentéis anteponeros a la naturaleza. Qué creéis, ¿que si el palomar desaparece así lo harán las palomas? No podemos controlar eso. Aquí somos unos invitados, más en un lugar rodeado de montaña y bosque donde lo humano es lo menor.

Que sobre vuestras cabezas descanse el remordimiento de arrebatarle a una anciana parte esencial de su vida. Espero que os sintáis orgullosos de vuestro triunfo.

Qué raro es este Spiderman

Qué raro es este Spiderman

La ignorancia hace daño en cualquiera de sus facetas, y en el cine no puede ser menos. Tras el exitoso estreno, por no decir grandioso, de la versión cinematográfica de Deadpool, las críticas han sido también cuantiosas por parte de, sobre todo, padres y madres que se han visto sorprendidos ante lo poco ortodoxo de los procedimientos de este mal llamado superhéroe.

Tras muchas décadas de casposas insistencias sobre la edad recomendada para las películas, álbumes, videojuegos, etc. en un intento por parecer mejores padres -y quizás para que hagan el trabajo por ellos- parece que ya en nuestros días es algo más que asentado el hecho de jerarquizar, por diversas razones, el material cultural a determinadas edades. Pero, mira por donde, los mismos que clamaban a los cuatro vientos la exigencia de dejar claro cuándo un producto es «vicioso» para sus hijos e hijas, se han visto escandalizados por un personaje de cómic insolente, haciendo caso omiso a las recomendaciones de edad que durante meses han recorrido todos los medios digitales y culturales en general. Era algo ya sabido por la gran mayoría que en esta película Marvel se iba a redimir del proceso de infantilización por el que se ven sometidos muchos de sus superhéores. Desde los primeros trailers hemos podido observar que no se trataba de la película de superhéroe al uso -como ellos mismos han dicho-, y que lo que íbamos a ver era algo focalizado más en un público adolescente tirando para adulto.

No pueden poner por lo tanto la excusa de que es una película de superhéroes, donde según ellos se debe guardar una serie de ideales intactos. No pueden hacerlo ya que ni es la primera vez que Marvel dirige sus miras cinematográficas -pues dentro del cómic estamos ante un producto mucho más adulto en lo general, – hacia lo cruento, como por ejemplo en The Punisher, ni ellos se han comprometido jamás, como entidad, en la propagación de unos determinados ideales, al menos no en todos sus personajes, algo que sí puede verse quizás con mayor facilidad, siendo esto ya una opinión personal, en DC, donde sus héroes y villanos sí que contienen un matiz ideológico más marcado-insisto, desde mi punto de vista-. Es por lo tanto absurdo que los críticos con Deadpool afirmen que un superhéroe no puede ser así. Y quizás tengan razón en parte, porque parece que no son capaces de entender que Deadpool se trata de un antihéroe, un personaje que, pese a ser el protagonista y llevar el peso narrativo de la trama, no contiene en sí unos preceptos morales considerados loables, como sí lo hacen héroes como Superman o el Capitán América. Ser Deadpool no es ser alguien simpático y respetuoso con los demás, es ser un engreído e irrespetuoso que hace lo que quiere, cuando quiere, porque puede. Y Marvel siempre lo ha dejado muy claro.

¿Qué es lo que pretenden que se haga? ¿Hacer pases privados para todos los padres para juzgar de forma previa si esa película es recomendables para sus hijos? ¿Una especie de regurgitación para padres vagos? Ya consiguieron que esta famosa imagen:

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/3/33/Parental_Advisory_label.svg/2000px-Parental_Advisory_label.svg.png

Apareciera en todo aquel contenido cultural mínimamente explícito, por lo que me parece penoso que teniendo todo este artificio protector sigan poniendo quejas a una película que ya se mostraba desde un principio atacante y directa. Si no son capaces de ejercer la educación que desean para sus hijos porque no son responsables con sus ideales, que mejoren, pero que no le echen la mierda a un grupo de cineastas que desde el principio habían avisado a lo que venían. Si vuestro hijo o hija se enfurruña porque quiere ver a «ese Spiderman raro» y tú crees que no es adecuado que lo vea, ten la decendia de ser responsable y buen padre/madre como para negárselo, que hay otras muchas películas que seguro le entretienen. Pero ni se te ocurra quejarte de algo de lo que se te ha avisado, porque para algo existe la libertad de expresión. Pareciera que esta gente que ahora se queja por lo violento de este superhéroe quisiera imponer su forma de ver el cine. Ahora van de directores de cine que saben lo que es bueno para nosotros. Vamos, que no pretenden otra cosa más que adoctrinar mediante el cine transmitiendo una serie de doctrinas que ven de buen grado.

Por ejemplo, este iluminado aFrancisado -no me peguéis por el chiste malo-:

http://cdn.collider.com/wp-content/uploads/2016/02/deadpool-colossus.jpg

(Si Deadpool, te ha llamado Podemita)

Y nada, aquí finaliza mi alegato. Que no me hago unas chimichangas porque no sé. Y que les den por ahí a esos que se quejan porque sí. Y que en breve iré a ver por tercera vez este peliculón.

Fuegos artificiales (28/09/2014)

Fuegos artificiales (28/09/2014)

Estos días en Logroño hemos celebrado nuestra fiesta grande, «San Mateo». Feria, conciertos, botellones y fuegos artificiales, lo típico y normal en unas celebraciones de ciudad. Este año, soso de mí, me he centrado exclusivamente en los fuegos artificiales, actividad que me fascina por la magia que desprende y por lo imposible de su acción que tiene en mí -y en otras muchas más personas, bien lo sé-.Aviso que el texto puede resultar un poco caótico y contradictorio, pero si consigo explayarme con la suficiente claridad, creo que al menos podréis atisbar lo que quiero interpretar.

No quiero escribir sobre cómo fueron, pues aparte de no interesarme en demasía, si soy sincero, no sé cómo se juzga si unos fuegos artificiales son de calidad o no -a mí me gustan a medida que son más ruidosos-. Lo que pretendo tratar de explicar en esta entrada es una sensación de añoranza y tranquilidad que los fuegos artificiales me transmiten. No sería algo demasiado excepcional si no fuesen precisamente fuegos artificiales, una de las actividades más ruidosas producidas por el intelecto humano. Un ruido estrepitoso es capaz de provocar en el alma de una persona la paz  y el sosiego más absolutos, ¿cómo puede ser esto posible? ¿No es sino una antítesis completa? O tal vez una perfecta paradoja … No sé sinceramente a cuántas personas más los fuegos artificiales le calman como a mí, actuando en forma de relajantes ópticos, pero sé con seguridad que no soy la única persona que siente esa sensación tan paradójica y mística cuando escucha y ve a los fuegos artificiales demostrar su poderío.

Desconozco el porqué de la reacción de mi ser. No sé si esa calma llega a mí desde los más profundos pensamientos de mi subconsciente o realmente esas luces tienen la capacidad y el poder, casi ya prehistórico, de sumir en la más absoluta tranquilidad a lo seres humanos, no lo sé. Solo veo una senda posible de explicación para este fenómeno de los sentidos. No me veo con la capacidad suficiente de explicar lo que siento en mi interior si no es con comparaciones que sé que casi todos podrán entender a la perfección. La fuerza que los fuegos artificiales tienen en mí siempre me ha recordado mucho al sentimiento de, casi placer, que sentimos TODOS los humanos a ver el fuego. No afirmo con esto que todos tengamos un pequeño pirómano dentro de nosotros, ni mucho menos, pero es innegable que siempre que observamos fuego, por grande o pequeño que este sea, en nuestro interior algo se enciende, como por influencia del calor que las llamas desprenden. Todos miramos encandilados cómo ese astro rojo puede esfumar la oscuridad bajo cualquier circunstancia. Incluso siendo capaces de crear fuego en cualquier momento, todavía algo en nosotros siente completa adoración hacia ese suceso. Y esto, me atrevo a aventurar, es debido al asombro que todavía en nuestra época sentimos por el poder destructivo del fuego; aquí residirá la clave de todo este asunto a mi parecer, al poder caótico del fuego, es decir, en el poder destructivo y creador de caos.

Los fuegos artificiales tienen una característica semejante. Sin duda influenciados por la fuerza de la naturaleza -y muy en relación a mi entrada de La Tormenta-, generalmente veo a los fuegos artificiales como imitaciones del humano por captar la furia del cielo. Pero, en contraposición al arcaico miedo del que hablaba en la anterior entrada, aquí nos encontramos con el otro lado de la misma moneda. Quizás se deba a la incapacidad de atrapar la sustancia original de las tormentas, pero aquí en vez de terror -salvo las personas que sientan miedo patológico hacia los fuegos artificiales- sentimos exactamente lo contrario; calma, paz, tranquilidad…

Dentro de este sin sentido -de un elemento que en ocasiones produzca terror y otras veces pura paz, que más que sin sentido, encarna a la perfección la vida misma, a veces tan bella y dura en un mismo ámbito- , creo poder atisbar por qué esa furia de colores y detonaciones nos transmite tranquilidad. A veces, nuestros problemas nos superan. Somos seres egocéntricos por mucho que intentemos velar por el bienestar ajeno, y nuestros problemas siempre nos resultarán más graves que los del resto. Somos egoístas por mucho que duela. Creemos que lo que nos sucede es superior a todo lo que nos rodea, pero nos equivocamos. Al palpar la brutalidad y poder de los fuegos artificiales -sin llegar a la magnificencia de la tormenta, aunque a ciertas personas incluso las tormentas nos relajan- vemos que existen fuerzas superiores a las nuestras y a los problemas que nos rodean. Y qué son las tormentas y los fuegos artificiales sino una amalgama de colores, ruidos y violentos sentidos. Nos admiramos, en definitiva, en el caos. El caos, la anarquía -en el sentido peyorativo de la palabra- nos infunden orden a nuestra ánima. Sé que puede sonar majadero, pero es algo que ocurre. Cuando nuestro caos interior se ve superado al observar una furia externa que como huracán arrasaría con nuestro propio caos personal, entendemos en verdad que no todo parece tan malo, llegando esa sensación de tranquilidad por ver la pequeñez de nuestros problemas. Al percibir la autoridad de una vorágine tan suprema, nuestro interior tan solo puede arrodillarse y gozar de esa ostentación de caos y suntuosidad que lo superior a nosotros tiene en su interior. Es la paradoja del vivir, es la antítesis de la vida; vivimos rodeados de estos sucesos y nunca los advertimos. La vida es un sin sentido, y a veces esos sin sentidos pueden salvarnos de nuestras bestias interiores. Lo grande y majestuoso siempre nos ha dejado atónitos, no por su grandeza exclusivamente, sino también por su poder, por todo la fuerza que esconden los grandes acontecimientos, por la capacidad de destrucción.

En conclusión: sí, lo sé, todos lo estaréis pensando, podría haber dicho desde el principio: los fuegos artificiales relajan porque son bonitos. Lo bonito suele tener la cualidad de apaciguar. Pero no me gusta ir a lo simple, que es lo que todos podemos captar a la primera. Me gusta bajo mi pesar «comerme» la cabeza hasta que esta me explote, buscar el sin sentido de todo -y tal vez por ello soy tan feliz-. Espero que os haya gustado esta entrada.

Tormenta (14/09/2014)

Tormenta (14/09/2014)

Y como en tragedia antigua, un público invisible

Aplaude la furia y el arrojo del cante del trueno

Parece que a veces el destino, en su cruel devenir, es bondadoso. La última vez que estuve en mi pueblo con voluntad de inspirarme para escribir algunos versos, el cielo decidió oscurecerse y llorar. Esta vez, meses después, el cielo ha vuelto a sonreírme y ha decidido expresarse en primitivo lenguaje conmigo. Esos dos versos que podéis leer más arriba no son más que un extracto del poema que, gracias a la ayuda inconmensurable de la tormenta, pude componer. En el poema hablo más sobre la magnificencia de este hecho inmortal, que lleva sembrando el caos y la felicidad por igual desde que el hombre posee entendimiento; es decir, que me hago el poeta con palabras rimbombantes e intento captar, en vano, el significado y la esencia de una tormenta “perfecta”. Los resultados han sido satisfactorios.

Pero aquí no he venido a hablar sobre qué es, en esencia, una tormenta, no. En esta entrada quiero tratar más sobre el pavor y el respeto que siempre ha infundado este elemento climatológico sobre los humanos. Un pánico arcaico que nos acerca más a los animales que a los humanos.

Hoy en día, con la cantidad de medios tecnológicos que tenemos a nuestro servicio, una tormenta no es un suceso que deba causar demasiada expectación; suponemos que después de una hora de rugidos y relámpagos todo debe volver a la calma. En nuestra sociedad actual hemos aprendido, o más bien, asimilado a la fuerza, que en ciertas ocasiones podemos ser más destructivos o imponentes que la madre Naturaleza. Pero esto es así porque, la mayoría, vivimos en nuestros castillos de hormigón, aislados de cualquier peligro del exterior, sabiendo que ni el más resistente de los rayos podrá hacer mella en la muralla blanca que nos defiende. Pero esto no siempre es así –ni ahora ni en el pasado-.

Ahora mismo, mientras escribo esto, todavía puedo apreciar con mis oídos los últimos gritos de furia del cielo. Acabo de experimentar, en la sierra, una de las tormentas más fuertes que jamás he vivido –no hace falta decir que, las tormentas en montaña son más duraderas y ruidosas que en alturas medias o bajas-. Aquí, en contraposición a todas las casas que me rodean, también estoy sepultado en hormigón –encima de reciente construcción-. Pero, a pesar de esta sutil ventaja contra la inclemencia del tiempo, mis sentimientos han sido como los que un campesino del siglo XII pudo tener en este mismo lugar en el que me encuentro. Da igual que cierres las ventanas e intentes apartar la vista del infierno lumínico y sonoro que se está desatando fuera, es imposible aislarse del estallido. Durante un momento –porque me encantan las tormentas y siempre me gusta saborearlas desde fuera- he salido a la terraza de mi piso, con la intención de escuchar mejor el ruido de los truenos. Normalmente, en cualquier tormenta, no suelo asustarme o estremecerme, pero cuando, casi incluso antes que el rayo, el estallido de un trueno, de los más potentes que mis tímpanos han recibido, ha sobrevolado por mi cabeza, algo dentro de mí me ha dicho “métete dentro de casa que esto es serio”. Ha sido solo un segundo de inseguridad, pero la tormenta me ha asustado. Ruido de lluvia que ensordece y tapa cualquier otro ruido, resplandores cada cinco segundos en el cielo, pájaros que aturdidos vuelan juntos sin destino definido… naturaleza en estado puro; te sientes culpable de ser humano y romper la plenitud de perfección y naturaleza que se respira en esos instantes.

Esto me ha pasado a mí, en pleno siglo XXI, con una educación media y con una edad en la que se me puede considerar adulto. Poco después de ese suceso, me ha dado por pensar algo: ¿qué pensaría, por ejemplo, un campesino de la Edad Media, temeroso de Dios y de cualquier suceso, más o menos extraordinario? Es interesante replantearse qué pensamientos podrían cruzar la mente de una persona así. Sí, lo sé, no eran tan crédulos como para creer que se trataba de un castigo de Dios por sus pecados, más o menos sabrían las causas de que el cielo gimiese y las nubes llorasen. Pero hay que tener en cuenta que, en general, se trataban de personas simples, con un intelecto en bruto y sin apenas preocupaciones más que las de sobrevivir y vivir por su familia.

Hay que ponerse en situación: vives en pleno siglo X. El lugar donde resides apenas sobrepasa el número de veinte viviendas, se trata de un pequeño pueblo en mitad de las montañas, aislado de cualquier camino o senda –y las capitales tampoco es que fuesen algo demasiado lujoso-. Tu choza, pues más que casas eran chozas, apenas tiene el espacio suficiente para resguardarte a ti y a tu familia. El techo está hecho de adobe y las paredes de piedras que llevan demasiado tiempo ejerciendo su cometido, pidiendo piedad. De repente, como rugido de lobo, un trueno rompe el silencio de ese pequeño Edén, y poco a poco, un infierno se desata sobre tu cabeza. No es una tormenta más, no, es La Tormenta. Intentad rememorar en vuestras mentes la peor tormenta a la que hayáis asistido, exagerarla como aprendices de poeta y meteros en las pieles de ese campesino de siglos pasados… ¿Qué pensaríais? Ya no es temor por Dios, es temor por la fuerza de la naturaleza. Aquella que te da la vida en tu rutina, ahora se encuentra enfadada y enojada contigo. El respeto por la naturaleza –que siempre debe estar presente- en esos instantes deja de ser respeto y pasa a convertirse en temor. La grandiosidad de ese suceso te embadurna por completo. Supongo que un miedo primitivo, arcaico, te ahogaría por completo. Quizás llegarías a un estado de “simpleza” animal donde tu razón brillaría por su ausencia, y tu raciocinio no sería superior al de una golondrina asustada y mojada. Contemplar eso con tus ojos, ver que en realidad somos ridículos al lado de la naturaleza, debe mezclar en tu interior sentimientos de horror y de agrado.

No quiero pretender descubrir todos los pensamientos que cruzarían por la mente de una persona así, vosotros también podéis imaginar –seguramente mejor que yo- qué experimentaría una persona en una situación como la descrita. Quizás exagerándolo todo resulte mejor. Situando a esa persona en mitad de un bosque, alejado de todo origen humano, solo con los animales del bosque, en la intemperie, a merced de los designios de la naturaleza, su siglo X no parece tan lejano. En tales circunstancias, creo que tanto un humilde campesino de tiempos pasados y un empresario de tiempos modernos sentirían exactamente lo mismo. Creo que, ante tal monstruosidad proveniente del cielo, el tiempo deja de existir, la humanidad se esfuma y el pensamiento se derrite. Creo que en esta situación, la naturaleza y su tormenta pueden romper el tiempo, convirtiendo a dos personas separadas por siglos en el mismo animal asustado y aterrado. Creo que, en definitiva, la naturaleza tiene tanto poder que es capaz de obviar el paso del tiempo y unir elementos, a primera vista, tan distintos. La naturaleza, a través de una “simple” tormenta, puede conseguir vencer al tiempo, algo que, los humanos, jamás podremos alcanzar. Pero esto es algo obvio, nosotros somos simples humanos, inocentes y mundanos. Y la naturaleza, eterna e impasible, perspicaz observadora de todos nuestros pensamientos, creadora de todo lo que existe, no es sino un verdadero Dios para todos nosotros; somos un juguete en sus manos.

Lo siento si parece que exagero en demasía el poder de una tormenta, pero estoy seguro de que, si alguna vez, en mitad de la nada, una tempestad cruel e indomable hace acto de presencia, quizás podáis comprender mejor qué quiero decir. No busco que penséis igual que yo, tan solo que respetéis el inmenso poder que algo tan normal como una tormenta puede llegar a poseer y que penséis, que no es poco. Tal vez podáis apreciar como yo que, las tormentas, pueden atravesar la frontera inalcanzable… las tormentas, pueden romper la barrera del tiempo y llevarnos a otra época, intemporal, donde los temores siempre han sido y serán iguales en todos los humanos. Las tormentas, pueden llevarnos a otro lugar, un lugar donde el paso del tiempo no rige, donde el tiempo, siempre dueño de nuestras vidas, no tiene poder alguno…

Gracias por leerme. Espero que al menos os haya entretenido esta entrada y que, con suerte, haya sido de vuestro agrado.

Estamos ante un posbarroco cinematográfico

Estamos ante un posbarroco cinematográfico

Para que comprendáis esta extraña y poco usual comparación entre lo posbarroco y la cartelera actual tengo que explicaros brevemente las características básicas del posbarroco como movimiento literario. Tranquilos, no tenéis por qué aprender, limitaros a memorizarlo cinco minutos mientras leéis el texto. Ya veréis que al final hasta tiene un poco de sentido. Por cierto, Maribel -mi profesora-, gracias por hacer el guiño hacia la nueva película de Star Wars, me ha abierto los ojos por completo y me has dado la idea.

El posbarroco mayormente fue la continuación de las características barrocas en la literatura de la primera mitad del siglo XVIII, sobre todo haciendo incidencia en el teatro. Este teatro se caracteriza por:

-Escenografia compleja, primando la decoración y los efectos para admirar al público más que el texto literario en sí.

-Personajes prototipos, pobres, vacíos, repetidos a lo largo de las obras con tediosa insistencia.

-Tramas parecidas o casi iguales, muchas de ellas dentro del ámbito mágico, religioso o heroico.

-Suelen evocar las pasadas glorias nacionales. Adoran lo anterior ante todo y se quedan atascados en ello.

-Diálogos elevados y rimbombantes deseosos de ocultar la falta de originalidad en la narración de la obra dramática.

-Convertir el teatro en un negocio queriendo extraer el mayor beneficio de la forma que sea.

Y otros pocos más que descarto por no ser del todo útiles para el símil. Como último apunte añadir que esta etapa de la literatura destaca en la historia como una de las menos originales que ha tenido nuestra lengua, no teniendo demasiado adeptos en la actualidad -ni entre los literatos de la época-. ¿Os suena de algo lo expuesto más arriba? ¿No se parece a algo de lo que estamos rodeados a diario? Analicemos la cartelera de hoy en día. Lo siento si os parece demasiado subjetivo, intentaré hacerlo lo mejor que pueda:

Superhéroes y villanos por doquier. En relación con personajes prototipos. También podría entenderse con lo de tramas parecidas en todas las películas. Sea como sea, a día de hoy en el cine vemos enmascarados y tipos con trajes por todas partes. Un poquito de originalidad o salirse de lo establecido no vendría mal. Puede también compararse con la caída en picado del género del horror en el cine, donde los personajes han caído en la rutina del arquetipo perfecto, con argumentos torpes que recuerdan demasiado al de otras películas. Hace años que no se realiza una película de terror, a nivel comercial, mínimamente original y nueva.

Efectos digitales hasta para el detalle más fácil de crear a través de la realidad. En relación con lo de la esceneografía compleja. Es cierto que hay películas de acción con buenos efectos digitales y tramas entretenidas, pero da la sensación que multitud de ellas comparten demasiado en común y que tapan sus defectos con estallidos, colores y una calidad gráfica pasmosa. Películas como «Avatar» tienen mucho mérito en cuanto a sus avances en los efectos digitales, pero son terriblemente sosas -y sospechosamente parecidas a otras películas-.

Remakes, secuelas y otras bestias -haciendo referencia a una entrada de este mismo blog-. En los últimos años no hemos dejado de asombrarnos por la inmensa cantidad de filmes que continúan en cierta medida con algo que ya se ha hecho con anterioridad. Parece que la década de los 90s es la década fetiche para los directores de hoy día, queriendo muchos de ellos raspar de la moneda sagrada. Sagas cinematográficas con historias finiquitadas de repente renacen de la nada junto a nuevas ideas, ideas que no eran necesarias y que acaban por empeorar el sentido general de la cinta.

(Estoy bien, pero… ese maldito pero)

Money money money. No podemos negarlo aunque nos duela. Hay películas que son visiblemente intentos desesperados por sacar dinero de donde sea. Desde comedias románticas vacías de sentido pero llenas de caras célebres a thrillers de acción protagonizados por actores y actrices de décadas pasadas. No nos aportan nada realmente a nosotros, quizás un poco de añoranza, pero sí a ellos, millones y millones de dólares.

(Soy super necesario sí…)

-Me da igual que aparezca una frase mítica e universal en una película, si el resto de diálogos no son más que huecos en el guion metidos con calzador para hacer tiempo, la película entonces dejará bastante que desear. Tampoco me vale copiar el éxito de sagas literarias célebres que han triunfado y después hacer películas un tanto flojas y forzadamente rebajadas para llenar más los cines.

(Calla que mejoré en las siguientes, aunque uy, quizás esa cuarta película sobró).

A grandes rasgos siento que esto es nuestro cine actual. No quiere decir que no haya algunas buenas producciones actualmente, siempre las hay aunque el panorama sea de carbón, pero lo que gusta, lo que llena las salas de cine, acaba siendo esto -también extensible a la música, aunque con algunas características variadas-. Algo que ya hemos visto miles de veces, algo que sabemos cómo finalizará, pero que seguimos viendo anonadados. Quizás es culpa del propio público, que se conforma con poco, o que también se ha quedado atascado en algún punto del pasado. El cine profesional o de «élite» poco a poco ha buscado una degeneración autoinfligida, pretendiendo gustar sin gustarse a sí mismo. Ya no podemos ver una película y no soltar más «peros» que exclamaciones de júbilo. No sé cuánto se extenderá este posbarroco cinematográfico, esta edad de mediocridad pero que tanto nos gusta. ¿Cuándo nos daremos cuenta de que en verdad quizás no nos gusta tanto?