Me meto un tiro,
¡Pum!
El eco suena,
¡Pum!
O quizás es el corazón,
¡Pum!
Que todavía sueña.

Etiqueta: Blog personal

Reflexiones desde Málaga II

Reflexiones desde Málaga II

Hay casas que mantienen su esencia tanto como sus personas. Ciertos rincones donde ves a seres, no tan queridos pero sí presentes, aparecerse cuando hace ya demasiado tiempo que partieron a no sé dónde. Todo viene a mi mente con una mezcla de felicidad, por lo que he vivido, y de añoranza, por miedo a creer que aquello jamás se repetirá con tal algarabía.

Prefiero la ignorancia de quién era aquel señor de rojo. Prefiero esas rejas, incómodas e inservibles, pero con las que jugaban mis dedos infantiles y dudosos. Prefiero esas noches de ocas interminables a respirar la tensión del momento. Prefiero perderme en mis pensamientos, mientras que mi familia, ajena a lo que pienso, espera ansiosa en la terraza de un bar. Añoro la ilusión de un simple helado. Añoro el miedo de que el payaso con escoba aparezca por detrás de mi espalda. Añoro dormir con mis padres y sentirme seguro. Añoro los gritos de los camareros y preguntarme si de verdad era necesario eso. Si hasta extraño un simple campero, campero que ayer me supo distinto.

Añoro tantas cosas que sé que no van a volver… Pero bueno, supongo que así tiene que ser. Si volvieran dejarían de ser especiales.

Reflexiones desde Málaga

Reflexiones desde Málaga

Cuando me encuentro en Málaga siempre pienso en las abuelas, nuestras abuelas. Málaga tiene cara arrugada, como su mar, y siempre te recoge de forma apacible. No te desdeña.

Siempre se las arreglan para, en todas las épocas, ser esa parte de la familia que lo ha perdido todo. Un lugar, un ser querido… o la propia vida a medida del paso del tiempo. Esa presteza por ofrecerte lo que tú aún desconoces que necesitas, ese apremio por servir sin necesidad de tener que hacerlo, ese amor que dan aunque no sea merecido. ¿Acaso son los seres perfectos?

Una vida mirando a través de ojos que no son suyos, desatendiendo las penurias propias por llenar de ofrendas las ajenas. Siempre serán esas olvidadas, hijas esclavas de una sociedad que no las merecía, hijas perdidas de una sociedad enferma.

Llevando a cuestas la escusa malsana del mundo que les rodea. Meciendo con cariño un voto de silencio impuesto, que de romperse, enmudecería por siempre lo que nos queda. Cargando una responsabilidad que les queda grande, pero que ellas se afanan por convertir en inmunda.

Ay Málaga, no me dejes nunca, que eso significaría la ausencia de algo que debería ser imperecedero.

«The Oregon Trail Deluxe» – 1992

«The Oregon Trail Deluxe» – 1992

Serie de vídeo que tratarán sobre videojuegos antiguos, tan olvidados en algunas ocasiones. En esta ocasión traigo «The Oregon Trail», un clásico que, pese a poco conocido, ha influenciado de forma terrible a miles de videojuegos. Siento la ausencia de música de fondo en gran parte del vídeo; me ha tocado editar con el editor de Youtube, y es un auténtico infierno.

Cómo hacer una buena manifestación for dummies

Cómo hacer una buena manifestación for dummies

¿Está cansado de las consignas de siempre? ¿Siente que con las manifestaciones a las que asiste no va a conseguir cambiar nada? ¿Cree que los de arriba se ríen de nosotros y apenas sienten miedo por lo que podamos hacer? No se preocupe. Con el nuevo manual Cómo hacer una buena manifestación for dummies podrá organizar una gran manifestación aunque esta se componga de predicadores evangélicos pentecostales.

Paso número 1: cambia de recorrido.

Está bien que elija el centro de una ciudad para hacer el recorrido de una manifestación, pero si la ruta es la misma en todas las ocasiones, apenas molestará ni se hará escuchar. De vez en cuando es bueno cambiar la ruta, o incluso salirse del itinerario establecido para dar un golpe de sorpresa a las autoridades. Cuando se ocupa carreteras no cerradas a la circulación es cuando molestas, y por lo tanto, haces ruido, y comienzan a tenerte en cuenta. Cuando ven que te sales de lo establecido, se asustan. Dar una vuelta alrededor de una plaza te convierte en algo no muy distinto a una oveja trajeada que hace caso a su dueño -en nuestro caso policías-.

Paso número 2: ampliemos la duración de las manifestaciones / concentraciones

Una hora, dos, incluso a veces tres… Esto es lo que dura una manifestación o concentración usual. Pero, ¿no le sabe a poco a usted? ¿De verdad se consigue algo dando vueltas a un sitio durante dos horas? Por qué no se anima usted a prolongar un poco más su estancia en ese lugar. Sí, todos tenemos unas responsabilidades, pero nuestros derechos no se reclaman solos. No se puede luchar sin sacrificar, sería una contienda a medias. A veces quizás hay que dejar algo atrás y arriesgar para que nos escuchen. Hagan una sentada un día entero -o semanas, depende de lo animado que se sienta usted-, y no les dejen descansar. Que noten su presencia a cada segundo, que sepas que con cada movimiento que hagan, usted es su sombra. En ese momento le tendrán en cuenta.

Paso número 3: las consignas están bien, pero cansan

Siempre tiene su aquel aquello de gritar a los cuatro vientos: «la educación, no es un negocio», «el hijo del obrero a la universidad», «obreros y estudiantes, uníos y adelante» o incluso «refugiados sí, españoles no», pero a veces, simplemente cansa. Ellos saben lo que reclamamos, no hace falta gritarlo constantemente hasta hacerlo soporífero. Sí que es conveniente hacer ruido en determinados momentos o lugares, e incluso soltar consignas potentes e ingeniosas, pero si lo repetimos tanto como para convertirlo en carente de significado, tal vez es mejor guardar estos lemas.

Paso número 4: no sea tan postureta

Desde luego que ayudas, haces bulto, pero por lo demás, tu presencia aquí es innecesaria. Me parece bien que quieras dejar testimonio mediante mil fotos de que has estado presente en este acto, pero me ayudarías más si luchases de verdad. Tu altavoz con música alta también me sobra, gracias. Aquí también incluyo a todas aquellas personas que traen símbolos de diversa consideración a manifestaciones / huelgas / concentraciones que nada tienen que ver con dicho símbolo. Me parece fenomenal que expreses de forma libre tu sexualidad, pero en una manifestación contra los recortes o contra la LOMCE, tu orientación sexual importa más bien poco.

Paso número 5: la violencia es su amiga

Entiéndame, no quiero acabar en la cárcel -ni que usted lo haga tampoco-. La violencia es mala, todos estamos de acuerdo en ello, pero como acto de defensa tal vez esté incluso hasta legitimada -y sé que es triste decir esto-. ¿Qué podemos considerar violencia hacia nosotros, la sociedad? Que violen nuestros derechos como humanos constantemente. Que pisen repetidamente las leyes que ellos mismos han escrito. Que miles de personas vivan en la más pura miseria y otros estén en el borde del precipicio. Que jueguen con nuestro futuro. La violencia no solo es física. Desde luego que su respuesta debe ser lo más sosegada y meditada posible, solo ejerciendo la violencia puntualmente en momentos estratégicos para reclamar lo que le pertenece. Me parece muy bien que usted y su grupo de amigos estén llenos de furia, pero la papelera no ha hecho nada, es estúpido que le ataquen de forma despiadada.

Paso número 6: a los vendidos no les haga aprecio

No se lo merecen, ya sean organizaciones, partidos políticos o sindicatos. Ellos dicen que están a su favor, pero gran parte de lo que ocurre es sin duda debido a su incompetencia y falta de voluntad. Si en una concentración, por ejemplo, quieren tomar todo el protagonismo, es mejor mirar a otro lado. Es puro egocentrismo. Las cosas se cambian con acciones, no con un simple discurso para que el personal piense todo lo que se preocupan por nosotros.

Paso número 7: no entre al trapo

Personas contrarias a su ideología o simplemente desconocidos le insultarán y le recriminarán vaya usted a saber qué cosas. No les haga aprecio. Su descontrol tan solo hará que se dé una imagen equivocada de la reivindicación, imagen que los medios de comunicación se preocuparán por repetir cien veces en el telediario que corresponda. Da igual que la actitud de la gente haya sido serena, con que un individuo haga algo erróneo, todo ese montón de personas a la vista de los medios será una turba violenta sin respeto a nada o nadie. Si una señora le arremete con su bastón, usted de forma sosegada apártese de ella.

Último paso: sienta la rabia

Es su mayor aliada. Con rabia se cambian las cosas. Una actitud sosegada en pocas ocasiones ha logrado modificar las circunstancias. Deje que su rabia piense por usted, que se mueva por usted. Que vean cómo de enfadado está. Ellos ya saben que estamos cansado, ahora tienen que sentirlo.

Sobre los concursos literarios

Sobre los concursos literarios

Sí. En esta entrada puedo pecar de hipócrita. No lo voy a negar. Pero como todos lo somos alguna vez en la vida -si no frecuentemente-, esta vez me toca serlo. Al menos lo reconozco. Además, siendo hipócrita de esta manera solo hago daño a una persona, y esa soy yo. Quizás a mi orgullo, y carezco de eso. Dicho lo dicho, adelante.

Tengo una relación de amor odio con los concursos literarios. Apenas he participado en ellos hasta que no me he visto en el dilema de toda persona que desea darse a conocer en el mundo literario; o tiro un dado al aire y pierdo el tiempo hasta que un editor aburrido decida leer algunas de las páginas de ese manuscrito que tiene ahí tirado en la mesa o compito con los demás por un premio. No mencionemos la autoedición, ya que tiradas con un número decente de ejemplares están fuera del bolsillo del escritor medio.

Creo que la gente no reflexiona demasiado sobre lo injusto que puede llegar a ser un concurso literario. Todos hablan del tanto por ciento de obras que acaban publicándose, de la poca viveza mental y de futuro que tienen muchos editores -sobra decir lo de J.K. Rowling y otros tantos-, pero casi nunca nadie habla de la subjetividad exacerbada de gran parte de los certámenes que se realizan dentro del mundo literario. Para que todo quede más ordenado, iré mencionando los pros y contras -a mi parecer- de participar en un concurso literario. Empecemos por los puntos positivos:

  1. Te aseguras de que un jurado experto -cuanto menos preparado- va a leer y analizar tu obra. No ocurre como en las editoriales, donde muchas de las obras son juzgadas por sus primeras diez páginas. Aquí el jurado considera aspectos técnicos que en una editorial jamás se replantearían. En un certamen literario importa ante todo la calidad y la originalidad del producto, no tanto los beneficios que este vaya a otorgar. Aquí se juzga la literatura de verdad, no el ámbito social de la misma.
  2. Tu obra adquiere fama, y sobre todo, valía. Al recibir un premio, sobre todo si este pertenece a un certamen con prestigio, inmediatamente tu obra se relaciona con todo aquello de valor. Esto sirve y mucho para hacerse un hueco en un mundillo donde empezar es casi tan difícil como mantenerse.
  3. Puedes comprobar tu nivel de verdad. El resultado de tu obra no será sagrado ni inapelable, porque todo depende de la subjetividad analítica de una persona, pero si es un certamen literario serio puedes fiarte de que al menos vas a poder conocer el nivel de tu obra comparada con otras decenas. Es un golpe de realidad bastante bueno. Si fracasas no te queda otra que intentarlo de nuevo.
  4. Económicamente es más seguro. El mundo de la literatura es bastante voluble; un día puedes ser la sensación poética del país que al día siguiente no eres más que un recuerdo. No obstante, las recompensas económicas de los concursos literarios siempre serán más fiables que las de una posible edición con una editorial. Participar en un concurso literario apenas puede suponerte 20€, mientras que, aunque la editorial corra con los gasto de todo, el contrato y los gastos superfluos pueden ascender demasiado -para luego a veces no ganar ni un solo euro-.

No obstante, poseen demasiados puntos negativos:

  1. Demasiada competitividad: luchas literariamente con otros para ganar el gran premio. En una editorial la presión por vencer a los demás es menor. Tu obra la has escrito como tú has querido, normalmente las editoriales no exigen nada demasiado extraño; algo que venda. Por el otro lado, en los concursos literarios la libertad suele ser menor, y las pautas suelen ser bastante más estrictas. Esto hace que la participación a veces se centre más en vencer a los demás buscando cierta dirección en tu creación que en crear arte por el gusto de crearlo.
  2. Siempre he considerado, y quizás es un poco extremo, que en los concursos literarios se prostituye a la literatura. Y esto va también dirigido a la editoriales. Se utiliza como moneda de cambio, donde a veces lo más bonito según las circunstancias es lo que gana -y tal vez no es lo más meritorio-. La literatura es una de esas cosas con las que jamás se debería hacer negocio, vale demasiado. Obviamente esto es demasiado soñar y es un negocio más dentro del mundo cultural.
  3. Participar es ya un gran paso. De hecho se podría decir que toda obra, por el hecho del atrevimiento que exige atreverse a escribir, debería ser tenida en cuenta. Puede que formalmente no sea lo más extraordinario del mundo, pero puede que sus sentimientos sean más verdaderos que los de alguna de las grandes obras maestras de la literatura.
  4. Estoy totalmente en contra de que algunas entidades privadas realicen estos certámenes. Bancos, universidades privadas de cierto tinte ideológico, la Iglesia… creo que no se merecen nada de reconocimiento. En la mayoría de los casos utilizan los concursos para adquirir notoriedad, y detrás de este generoso ofrecimiento de crear un concurso casi siempre se esconde una ambición egoísta de la entidad misma. Un banco en lo general promociona la literatura para crear una imagen de benefactor, normalmente falsa, en su nombre.
  5. La subjetividad. Afecta tanto a las editoriales como a los concursos, pero en estos últimos creo que con más fuerza. Si alguien decide enviar su obra a una editorial sabe a lo que se enfrenta: un señor o una señora que van a estudiar si publicar ese libro será rentable para su compañía, fin. Sabes que tu calidad literaria o tu vertiente personal no va a ser un punto clave en que decidan publicarte. Sin embargo, en un certamen literario, es trascendental el jurado detrás del concurso. Si es tradicional, olvídate de ni tan siquiera competir si tu obra es rompedora. Por el contrario, si eres tradicional en tu tipo de escritura y el jurado es demasiado rupturista, no conseguirás nada. Y en ambas vicisitudes quizás tu obra sea la meritoria de ganar.
  6. Los derechos de autor. Jamás perderás los derechos sobre tu obra, pero en algunos concursos apenas podrás objetar lo que hagan con la obra ganadora. Ellos se quedan con los derechos de la primera edición, y aunque supongo que habrá individuos que adapten esa edición a tus deseos, no tienen por qué escucharte. Esto puede desembocar en actitudes que quizás no satisfagan al ganador, o incluso que se tergiverse la intención de la obra hasta extremos inimaginables. Ellos editan y lo harán según sus propósitos, no los tuyos.

Sea como sea, si te inicias en el mundo de la escritura, simplemente, hablando claro, estás jodido. Puedes participar en la lotería que son los concursos literarios y las editoriales, pero si esperas toda tu vida a que te publiquen, quizás cuando lo hagan será demasiado tarde y hayas perdido toda la ilusión o la magia. Lo más sensato o por lo menos palpable para un principiante es conseguir hacerse un nombre o incluso una autoedición con una tirada bastante humilde, asequible para tu bolsillo. Participar en concursos literarios de poco renombre para poco a poco ir haciéndote un nombre, conseguir que parte de tu obra sea publicada en periódicos o revistas, o incluso repartir de forma gratuita fotocopias con adelantos de tu obra. Ante todo hay que intentar ser original. En este mundillo todo se ha visto ya mil veces, por lo que hay que destacar de la forma que sea en el apartado que sea. Pero ante todo, jamás perder la ilusión y que la literatura no se convierta en un trabajo, que siempre permanezca como una pasión. Yo de forma hipócrita estoy participando en dos concursos de forma simultánea; he aprendido la lección. Sé que no puedo lograr nada yendo a contracorriente toda mi vida, y he tenido que tragarme mi orgullo y ser uno más. Pero es lo que toca. Si no tienes el bolsillo lleno, hay que adaptarse a las circunstancias. He decidido pecar de hipócrita pues antes que mi «»»reputación»»» -por decir algo- está mi anhelo por ver mi poesía publicada.

Eso, o haceros a la mar y cogeros una buena melopea y olvidaros de lo demás, que, viendo cómo está el mundo, quizás sea lo más sensato.