Me meto un tiro,
¡Pum!
El eco suena,
¡Pum!
O quizás es el corazón,
¡Pum!
Que todavía sueña.

El banco que era un pequeño mundo

El banco que era un pequeño mundo

Al final todo se resume

En un banco que vuela

Sobre una columna vertebral.

Siempre me lo he imaginado así,

Y la verdad es que tiene sentido.

Empieza desde mi sustento

Y acaba en otro que desconozco.

Las baldosas soportan el momento,

No sé si los recuerdos.

La línea blanca separa dos tiempos,

Si es que existe un tercero.

Yo estoy en ese último,

Que nunca se sabe dónde termina,

Que nunca supe si me pertenecía.

 

A la derecha veo algo

Contrario al rumbo natural.

Tantos por ciento

Que acaban con el mundo violeta.

Un beso en los morros,

Dicho sin poesía,

La realidad pura no se fía.

Pero sobre todo veo tiempo,

Tiempo bien gastado.

Tiempo que me sirvió

Como la cama que yo mismo

Me había privado.

Apenas se puede decir rincón,

No cabían dos almas,

Pero ahí estábamos,

Sin decir palabra,

Apoyados en seres inertes

Que para otros son objetos.

Los pájaros hablaban por nosotros,

Sabían de nuestra indecisión,

Nos animaban con su canto;

Tristemente no les entendemos

 

A la izquierda os diría mil cosas

Pero tienden a infinito.

Es un espejo que refleja

Todo lo que quiero

Pero que sé que me mostrará

Solo lo que merezco.

Y ni eso, porque si mostrase lo que quiero

Tan solo le haría falta

Decirme una cosa simple:

“mira hacia la izquierda”

Y siempre estarías tú.

Futuro ha pasado a significar tu nombre.

Aquí veo tiempo

Arrastrado por alas

De color negro y blanco.

Siempre está la dualidad

En la que me pierdo.

 

Y en el centro,

Recto para mi mirada

Que se repite hasta el horizonte

Y vuelve rozándome el cuello,

Columna de todo,

Dictadora de lo que sucederá

Y lo que tal vez ocurrió,

Supongo que queda el musgo juguetón

Y las ramas que hablan.

Nadie podría adivinar el significado

De un trozo de madera

Con nombre de humano

Que gira, se retuerce y grita.

A eso solo le das significado tú,

Y diría que es hasta mágico.

El eje de la ecuación

Que los gorriones han ido pregonando

Ya estaba solucionado.

 

Diría que es un lugar

Eterno si lo eterno

Pudiera estar en la cabeza

De un triste poeta.

 

(Persistencia de la memoria – Salvador Dalí)

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